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Sonia Chirú

Las huellas de mis pasos

1 Avril 2013 , Rédigé par Sonia Chirú - mirando-hacia-panama.over-blog.com Publié dans #Literatura, #sociedad

Literatura 3389Revisando mi biblioteca, el lomo delgado de una portada blanca me guiñó el ojo. No era lo que estaba buscando. Buscaba uno de los tantos que están en espera de que los lea, pero no sé por qué se esconden y éste me sale al paso. ¿Cuántas veces lo he leído siempre con igual placer? ¿Qué tenemos él y yo en común que cada vez se impone como re-lectura urgente?  ¿El Quijote... ? Con todo respeto al viejo Cervantes no logro re-leerlo con el mismo gusto, a pesar del cariño que le tengo a aquel personaje enderezador de entuertos. Estoy hablando de Las huellas de mis pasos de Pedro Rivera, escritor panameño. Quiero suponer que todos los escolares de mi país se lo saben de memoria.

Hacía tiempo que no me salía al paso. Se vino conmigo en uno de mis viajes a Panamá, en el año 93 ó 94 del siglo pasado. Ya no estoy segura. No hacía tanto que había recibido el Premio Cuento del concurso Ricardo Miró. Lo metí en el bolso pues sabía que no me haría peso y me lo leí de un solo tirón en el avión. Y lo volví a leer en casa, ya no sé cuántas veces. Siempre a la carrera, entre dos o tres obligaciones profesionales.

Ayer volvió a aparecer en mi camino y el lomo claro, estrecho que resaltaba entre otros más lujosos me hizo señas, como quien no quiere la cosa. ¡Ah, Pedro Rivera! La última vez que lo leí me enteré de que era Marco Pueblo, también. Poeta mayor de la nacionalidad.

Las huellas de mis pasos trae dos partes compuestas de textos cortos en un estilo ameno y en algunos casos humorísticos. En la una se encuentran las bases de su personalidad, de su compromiso social: recuerdos de infancia en una de aquellas casonas de inquilinos del Chorrillo que también conocí algo después que él. Anécdotas microcósmicas del vecindario con personajes tan reales como característicos; el descubrimiento de la poesía, en casa de la abuela, inmerso en la naturaleza que lo cautivaba. Anécdotas que muestran a la gente humilde con sus defectos y virtudes, en los cuales reconocemos a alguno que ya nos hemos cruzado en nuestro peregrinar. ¡El mundo reducido de la infancia contiene tantas cosas para el poeta de nacimiento!

En la otra, aparecen elementos de la Historia con "H" que hicieron la nación de hoy. Esa parte de nuestra Historia en que nos vino la primera invasión de los tiempos modernos con la llegada de los europeos al Istmo. Esa parte que no nos han contado bien pues la Historia Patria se cuenta siempre a través de la mirada de los invasores, de los vencedores que hoy siguen celebrando su "descubrimiento". Retrata a personajes ignorados de nuestra nacionalidad y entre ellos al Señor de Veraguas, Urracá y su lucha por ser libre y nunca esclavo. Pelea perdida por adelantado, casi solitaria, contra aquél que venía allende los mares y que no tenía palabra pues el oro era y sigue teniendo más valor que la ética y el honor. La Historia... ¿eterna vuelta atrás? Seguimos en las mismas. Sólo se han quitado los cascos y algunos se han puesto corbata, aunque siguen usando a la soldadesca para llegar a sus fines. La fundación de Nuestra Señora de Asunción de Panamá y la personalidad controversial del descabezador de Balboa - otro bribón famoso - aparecen dibujadas en sangre y lodo, así como, simbólicamente, la figura del Cimarrón.Todo esto en una lengua clara, transparente y amena.

¿Por qué merece ser leída y releída la obra de Pedro Rivera? Porque en cada uno de sus escritos nos habla de identidad, de soberanía, de esa Patria compleja en la que nos tocó nacer y crecer. Habla de nosostros. Nos habla también de autoestima y que si amamos más lo ajeno que lo nuestro, nunca llegaremos al tan anhelado desarrollo humano que necesitamos. Quizás alcancemos lo que políticos mercantilistas nos venden elección tras elección y que beneficiará sobre todo a los "juega vivo", personajes tan peculiares en nuestro entorno: un crecimiento económico deshumanizado y sin calidad de vida. Un nuevo orden colonial que se transforma pero que no ha cesado de existir.

 

1903, incendio de sollozos

 En 1903 fue Panamá, capullo de agonía.
Fue tiniebla trenzada en las hogueras.
Mariposa violada por los potros
que bajaron del norte destrozando
los pueblos, las montañas, las aldeas
hasta hacerlas metal de cicatrices.
Los "yanquis" avanzaban por América
babeando las ciudades,
aniquilando vidas,
incendiando los rostros de la tierra
y cazando en las selvas a los hombres
como si fuesen ratas o jaguares.
Entonces, famosos personajes afilaron sus garras.
Panameños porcinos, comerciantes
en la honda aristocracia del gusano.
Vende Patrias de cobre, gallinazos
subidos en la cúspide del odio,
renacuajos de colas espectrales,
murciélagos que trazan en las noches
sus vuelos de tragedias y de espanto.
En 1903 fue Panamá, incendio de sollozos.
En la misma gangrena se juntaron
la lumbre de la pólvora y el diente.
Y se juntó la sed con el sediento.
La conquista y el suelo conquistado
y el hambre con la gula carnicera.
Y entrambos crearon la tragedia.
(Roosevelt fue la encarnación del Diablo…
Su silueta marcó la quemadura
a lo largo de América y el mundo).
Así nació mi Patria. Por la sombra
adherida en la mano del verdugo
fue subiendo su piel encadenada
hasta que fue la edad de la angostura
vomitada en su voz de niña pobre.
Así nació mi Patria. Fue vendida
su libertad, su sangre, su palabra.
Fue vendido su origen, la ciruela
de su vida inicial y su mañana.
Y su inmenso corazón de océano.
Panamá otorga en la hiel de sus tratados.
Otorga la estatura de sus selvas,
sus árboles, su flora de ternuras.
Otorga sus novias, sus niños, sus cuadernos.
Sus símbolos de llanto y cicatrices.
Las lámparas profundas de su idioma.
Su antigua primavera de sollozos.
Todo lo otorga. Todo lo reparte.
Sus ojos, su camisa masacrada.
Los surcos, la semilla, las iguanas

 

¡Ñagare!


 

No voy a recurrir a metáforas superfluas.

No tiene ningún sentido jugar con las palabras.

Alguna vez lo hago para darle al poema una pizca de caché.

En el mundo de las artes,

la palabra aromatizada embriaga el paladar.

 

Pero esta vez hasta sobran las palabras.

Tal vez un gesto, el puño cerrado

y el dedo del corazón apuntando al cielo

sea más que suficiente para decirlo todo.

 

Es imposible enmascarar la barbarie con símbolos y tropos.

Una bomba lacrimógena es un abomba lacrimógena

Aquí, en China o la Cochinchina.

 

Una bota militar es una bota militar aquí y en todas partes.

Un fusil es un fusil y matar es para lo único que sirve.

Un fusil que apunta el vientre de una mujer embarazada

Envilece la palabra humanidad.

Quien caza a hombres como perros

¿es un hombre o es un perro?

(Qué me perdonen los perros por compararlos con ese hombre).

 

La vieja colonia los expulsó de las planicies

incautaron sus granos, peces, aves, dioses, utopías

borraron sus pisadas, arrojaron sus sombras al vacío,

quisieron extinguirlos de la historia.

Sacaron de la manga las leyes de Hammurabi

dieron a conocer el nuevo catecismo:

el libre comercio es libertad y democracia

el país abierto a inversionistas extranjeros es la paz,

la riqueza en pocas manos sacia el apetito de los pobres,

¡Bienaventurados al reino de los ricos…!

 

No se engañen los colonialistas de este tiempo.

No se engañen los buscadores de oro al 4 por ciento de interés

4 centavos es menos de la suma que cobró Judas a Pilatos

No se engañen los busca-cobre, usureros,

tránsfugas de dos por un centavo.

No están tratando con drogadictos y borrachos.

 

No les viene mal estudiar un poquito de la historia.

Los ngöbe aprendieron la lengua del verdugo.

Aprendieron el secreto de los dioses europeos.

Pero los invasores no conocen sus secretos.

 

Esperar mil años es la estratagema del calvario.

No vive quien muere sino quien deja de vivir.

 

En la tierra de los ngäbe y los buglé

un hombre vale más que una hidroeléctrica.

un hombre libre vale más que todos los diputados del planeta

el agua que se bebe tiene más valor que un millón de voltios de energía.

el agua que corre por las venas subterráneas de la tierra

tiene la dulzura de un beso enamorado.

el aroma Christian Dior no puede compararse

con el olor de la tierra cuando llueve.

 

Dueños del horizonte, dueños del aire que respiran,

dueños de los ríos, dueños del paisaje, dueños del rocío,

dueños del canto de los pájaros,

dueños de la trocha por donde caminan hace siglos

dueños de los bosques, dueños de sus vidas

acaparadores de nubes, lluvias y horizontes

¿Es posible negociar tanta riqueza?

¿Qué pueden las transnacionales ofrecer que valga más?

 

La tierra es más importante que la vida

lo han dicho, lo repiten, lo saben desde siempre.

Aviones, rascacielos, metro buses, portaviones

misiles capaces de borrar del mapa los recuerdos

no tienen tanto valor como un árbol de sombras derramadas

ni el valor que tiene la flecha de un Tucán clavándose en el cielo.

 

Estos hombres cuyas chozas hace cinco siglos arañan las alturas,

aunque parezca lo contrario nunca se rindieron.

no dieron su brazo a torcer frente a la muerte.

Estos hombres jamás dijeron “basta, nos rendimos”.

Estos hombres perdieron mil batallas

pero la guerra por la vida nunca se termina.

 

Estos hombres buscaron refugio en las montañas

Llevaron sus sueños a lomo de caballo.

A la orilla de los ríos florecieron como lirios.

Replegaron sus sueños, escondieron sus banderas,

Buscaron refugio en la catacumbas del silencio

Ahora renacen del olvido.

Las lágrimas que remojan sus mejillas hace siglos

nunca han sido de dolor o mansedumbre.

Por sus ojos simplemente lloran las estrellas.

 

Al replegarse a las montañas adoptaron la táctica del viento.

 

No piden limosna a la sombra de rascacielos

puentes levadizos y costaneras peatonales.

El smog de las urbes no envenena el aire que respiran.

Caminan con la tristeza más alegre del mundo

por atajos , sementeras y arrecifes.

Se reproducen hasta debajo de las piedras.

En sus pechos atravesados por espadas españolas

ahora anidan mariposas, pero también águilas y cóndores.

 

Debajo del corotú crecieron como uno.

Uno es la clave de su paso por la tierra.

Uno es el puño de los dedos al cerrarse.

Uno que es ninguno y lo es todo en un relámpago.

Uno ya no es uno, sino la muchedumbre.

 

Ellos dan la cara por nosotros.

  MarcoPueblo

8 de febero de 2012

 

 

Para saber algo más sobre este gran poeta nacional:

- Pedro Rivera: Directorio de escritores vivos de Panamá

- Tragaluz:  Pedro Rivera: acercamiento sinóptico en tres cuadros por Dimas Lidio Pitty.

- Panamá: Poesías y lecturas

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snoring remedies 17/01/2014 07:59

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Sonia 16/04/2014 19:28

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